A ti, madre paraguaya,
mujer de manos valientes,
que entre sueños y esperanzas
levantas hogares fuertes.
Eres abrigo en invierno,
sol brillante en la mañana,
la voz dulce que aconseja
y la fe que nunca falla.
Con tu esfuerzo silencioso
y tu corazón sincero,
siembras amor en la tierra
como florece el lapacho entero.
Madre guaraní y luchadora,
de alma noble y decidida,
llevas ternura en tus ojos
y fortaleza en la vida.
En cada comida caliente,
en cada abrazo profundo,
vive el cariño infinito
más puro de este mundo.
Hoy Paraguay te celebra
con orgullo y emoción,
porque una madre paraguaya
es patria dentro del corazón.